El Autómata

Dos máscaras para un Guía.

Edificado sobre las antiguas carreteras cynwälls, este feudo ocupa una zona hueca semejante a una palangana, en el centro de la cual se alza un gigantesco construído. Las calles, que siguen el desnivel del terreno, se enroscan alrededor de la imponente silueta de piedra. Esta última es visible desde todos los puntos del feudo, incluso desde los callejones más tortuosos.

De día, la vida de los habitantes está marcada por una rutina que todos respetan sin rechistar. Sin ser máquinas, estos Cadwës conocen su papel y se dedican a él con seriedad y determinación.

De noche, un pesado silencio cubre los barrios del feudo. Sólo el característico “clang” del cambio de orientación de la cara del Automáta rompe la calma.

Historia

Durante la liberación de la villa por parte de los Perros de la Guerra, Crepúsculo, un semi-elfo originario de una compañía de parias, destacó por su determinación y sus cualidades de estratega. Se hizo particularmente famoso en la batalla del Autómata rechazando una tentativa de infiltración del ejército de Sophet Drahas. Crepúsculo perdió la vida al pie del misterioro autómata cynwäll, enfrentándose a un espectro de Achéron.

Cuando se proclamó la independencia de Cadwallon, la compañía de Crepúsculo heredó un feudo. Reunidos en asamblea, los fieles al difunto semi-elfo decidieron honrar siempre el sacrificio de su capitán permaneciendo unidos. A pesar de su buena voluntad, el proyecto saltó en pedazos bajo la presión de las diferencias culturales entre parias elfos. Durante meses, el feudo fue el escenario de enfrentamientos entre Daïkinees y Akkyshans. La herida dejada por la traición de Scaëlin se había reabierto. Pelear juntos era una cosa; vivir juntos era otra.

En el 834, la intervención de los cynwälls enfrió los ánimos. Los elfos de Laroq propusieron un control alterno del feudo para las dos facciones rivales. Los cynwälls no participarían jamás de la toma de decisiones, salvo en caso de litigio grave. El Autómata fué elegido como símbolo de esta unión y los magos e ingenieros cynwälls le dieron una forma de vida mecánica. Desde entonces, un misterioso proceso hace pivotar la cara de la estatua.

Cuando la mirada del Autómata se vuelve hacia el bosque de Quithayran, el feudo está dirigido por los daïkinees. Cuando se vuelve más hacie el oeste, allí donde los lienzos de sombre de Ashinân ennegrecen el cierlo, los akkyshans toman las riendas del poder. El Autómata está regido por un ciclo misterioso e imprevisible. Tanto puede pasar semanas inmóvil como animarse cada día.

Las Familias Xär-Lilith y Aoué

Aunque a ambas se las llama familias, no son familias en el amplio sentido de la palabra. El feudo está dirigido por dos mujeres que, a pesar de sus diferencias, tienen una visión similar de la nobleza: deciden, solas, lo bien fundadas de sus elecciones con el único fin de asegurar la perpetuidad de El Automáta. Al no tener herederos directos, son acosadas por numerosos intrigantes que intentan ganarse su favor.

La familia Xär-Lilith es una de las más antiguas familias elfas. Sus orígenes se remontan a la huída de Scaëlin. Su fundadora no fué otra que la primera dama de compañía de la princesa caída. Hoy en día, el matriarcado está dirigido por una vieja mujer de la que se conoce sólo su apodo: Xär-Lilith. A pesar de su apariencia encorvada y frágil, Xär-Lilith es una reconocida diplomática en el seno del ducado. Supo hacer olvidar las exacciones de su pueblo y preservar sus intereses en Cadwallon. Xär-Lilith da lo mejor de si misma para mantener el equilibrio de El Automáta. Sus órdenes son aplicada al pie de la letra por sus semejantes. Ella gobierna sola, y raros son los consejeros que sobreviven más de un año a su servicio. A Xär-Lilith le gusta rodearse de numerosos servidores que trabajan para ella con una devoción malsana, teñida de admiración y miedo.

Kos daïkinees de El Automáta están dirigidos por Yalin Aoué, una joven muchacha cuyos padres desaparecieron misteriosamente, hará unos dos años. Los dignatarios de su pueblo la han educado en el respeto de las tradiciones de Quithayran. Con edad de catorce años, se supo imponer como Par del feudo y sus decisiones son raramente contestadas, ni siquiera por los viejos consejeros que la rodean. Rápidamente se dio cuenta de la necesidad de conciliar su herencia tradicional y la modernidad de Cadwallon.

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