Orcos

Orco

Los orcos fueron creados en el 808, en las cubas de clonación de Shamir, la capital del Imperio de Syharhalna (Escorpión). Concebidos a partir del cruce de cepas genéticas goblins y humanas, los clones Khorda – nombre original de los orcos – se revelaron más inteligentes y poderosos de lo que habian esperado sus creadores.

Los khorda se rebelaron en el 852 y, tras haber perpetrado una verdadera masacre, la mayoría de ellos se refugiaron en Bran-Ô-Kor y, otros pocos, en la cadena montañosa de Béhémoth. Después, la más joven de las razas de Aarklash prosperó.

Los orcos más temerarios dejaron a sus congéneres y se aventuraron cada vez más lejos por las sendas del continente. Cadwallon constituye la segunda comunidad orca en términos de población. Un número creciente de orcos responde a la llamada del Dios Chacal y va a la Ciudad de los Ladrones para descubrir sus secretos.

Los orcos llevan la guerra dentro de si. Desarrollan con facilidad una musculatura impresionante y muestran una perserverancia en el esfuerzo que los otros pueblos de Aarklash. Las hembras orco son capaces de procrear muy temprano y pueden seguir haciéndolo hasta el final de sus días. Aunque los orcos no puedan reproducirse con ninguna sus razas de origen, han heredado los mejores rasgos de ellas. Poseen las cualidades de adaptación de los goblins y la voluntad conquistadora de los humanos. La sangre de los orcos aún porta los estigmas de las manipulaciones impías de los tecnomantes.

Salvo muy raras excepciones, los magos orcos no pueden aprender las sutilezas de los seis Elementos. Desarrollan afinidad con una forma de magia totémina bautizada como magia instintiva. Sacando fuerza del maná más que su esencia, pueden servirse indistintamente de cualquier gema para ejercer su magia primitiva.

Los machos, dotados de una musculatura hiperdesarrollada y un rostro agresivo, son verdaderamente brutos. Aquellos que pertenecen a las castas guerreras o místicas a menudo portan tatuajes y baratijas tribales. Las hembras son raras. Apenas menos musculosas que los machos, no son menos feroces.

Los orcos no son urbanitas, pero su instinto los lleva hacia los vestigios de la Joya de Lanever. Muchos sueñan con los bosquecillos de los jardines del deseo a lo largo del viaje que les conduce a las ruinas de la vieja villa. Una vez llegados, todos se asombran de encontrar allí semejante actividad y vacilan en irse de nuevo.

Sin embargo, se fían de su instinto y se integran con los Cadwës, convencidos de que los espíritus les entregarán el secreto de la ciudad de sus sueños. Los orcos son particularmente apreciados por aquellos que valoran la potencia física y la capacidad de adaptación, dos de los principales puntos fuertes de esta raza guerrera.

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