Ogros

Ogros

Los ogros son originarios de las laderas de los montes Aegia y antiguamente se dividían en familias repartidas en la lejana periferia de la cuna de su raza. El Ragnarok vino antes de tiempo para esta terrible raza. Su apetito salvaje y sus costumbres groseras no les han permitido adaptarse a los nuevos tiempos y, unos tras otros, fueron exterminados por las civilizaciones de los países que ocupaban. Los últimos supervivientes, liderados por el guerrero Khaurik, se refugiaron en Cadwallon, donde el Duque Vanius les ofreció una nueva patria. Algunos clanes de ogros sobreviven aún en los santuarios más lejanos de Aarklash, particularmente en Bran-*O-Kor y en la isla de Zoukhoï, pero la inmensa mayoría reside en la Ciudad Franca.

Los ogros no poseen ningún instinto de supervivencia, lo que los hace imprevisibles y terroríficos cuando están furiosos. En cambio, son de naturaleza leal y fieles a las causas a las que han elegido abrazar. Esto los hace particularmente difíciles de corromper. Así, la guardia de Khaurik, exclusivamente compuesta de ogros, es el cuerpo de élite dedicado a la protección del Duque.

Los ogros tienen una vida útil limitada; su envejecimiento es interrumpido, no obstante, por la ingestión de carne cruda en una respetable cantidad. Este rasgo sangriento, que ellos atribuyen al Dios Hyffaid, los empuja a repugnantes festines. Aunque pueden refrenarlo con facilidad, este instinto voraz los conduce a veces a devorar a las víctimas indefensas, sobre todo a jóvenes niñas y niños. Para no ser tentados de devorar a su propia progenie, los ogros la confían a “padrinos” provenientes de otras razas.

Ser el padrino de un niño ogro es una tarea costosa y difícil, pero es fuente de prestigio en Cadwallon. Gozar de la amistad sincera y leal de una familia ogro es, a su vez, una garantía de seguridad no despreciable.

Los machos son montañas de carne, músculos y apetito. Van y vienen por la ciudad, encorvados, con su pequeña cabeza balanceándose lentamente sobre su generosa barriga- Se preocupan mucho de vestir y vivir como un cadwë, pero nada puede hacer olvidar el aura carnicera que los rodea. Hay que ser intrépido o estar bien protegido para enfrentarse a un ogro, sin hablar siquiera de provocarlos.

Las hembras son mucho menos masivas que sus congéneres y a menudo más extremas en sus emociones, particularmente cuando están embarazadas. Se visten de manera simple e intentan integrarse por todos los medios en la sociedad cadwë.

Los ogros no han sabido organizarse en nación y no han encontrado ninguna razón colectiva para participar en el Ragnarok. Sin embargo, si se han integrado en un buen número de culturas. Cadwallon, fiel a su papel de tierra de acogida, aloja a un gran número de representantes de esta especie.

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