Historia de la ciudad

Cadwallon

Los Apátridas

Liderando un pequeño ejército de mercenarios, forajidos sin Dios ni amo, guerreros sanguinarios y marginados, Vanius descubrió (allá por el año 830) los vestigios ya olvidados de Cadwallon, una antigua ciudad cynwäll maldita y abandonada. Los Perros de la Guerra, como así se hacían llamar, se instalaron allí con la esperanza de desenterrar antiguos artefactos y tesoros abandonados por los elfos que, otrora, moraban en aquella ciudad.

Los centenares de hombres al mando de Vanius fueron organizados en veintiuna compañias francas, cada una liderada por uno de los tenientes de Vanius. Estos oficiales asumieron los trabajos de desescombro…

La Batalla del Muro de la Tierra

Sin embargo, los secretos enterrados en Cadwallon no tardaron en atraer otras miradas. Las fuerzas de los Meandros de las Tinieblas, responsables ya de la caída de la antigua ciudad cynwäll, trataron de barrer a los recién llegados, pero los Perros de la Guerra resistieron como valientes bajo el inspirador liderazgo de Vanius. Sophet Drahas, aliado de los ejércitos de Achéron y barón de Tar Haez, reclamó entonces la ayuda del señor más poderoso de su baronía de origen: Feyd Mantis.

Las hordas de cadáveres animados invadieron la ciudad y sus alrededores. El asalto fue duro, la batalla terrible, pero los compañeros de Vanius rechazaron el ataque.

El repentino descubrimiento, sólo horas antes de la batalla, de un tarot de veintidós cartas dotadas de poderes mágicos no fué sin duda ajeno a esta milagrosa victoria. Antes de la ofensiva enemiga, Vanius distribuyó las cartas entre sus tenientes y conservó una para él: la del Emperador.

Al final de la batalla, las tropas de la Alianza de la Luz llegaron para apoyar. De esta manera, las ruinas de la villa fueron retomadas de manos del enemigo. La baraja de cartas empezó a forjar su leyenda ese mismo día, desde el cual se la conoce como el Tarot de Vanius.

¡Mi Reino por un Ducado!

Lejos de cantar victoria, los Perros de la Guerra miraron con preocupación a sus inesperados y recién llegados aliados. La compañía, a pesar de su bravura ejemplar, seguía sin ser más que un grupo de forajidos que estaban al margen de la ley.

Sin embargo, gracias a su carisma, Vanius consiguió preservar la independencia de Cadwallon. La leyenda cuenta que cuando el emisario de Alahan se mofó de su deseo de construir un reino sobre ese campo en ruinas y sembrado de muertos, Vanius mostró una vieja y gastada pieza de oro y la lanzó a los pies del general barhano que estaba al frente de las tropas de los Leones de Alahan, anunciando:

¡Señor, si tan poco le gustan estos cadáveres, los hago mi reino por un ducado!

Así pues, consciente de que no podía asumir el título de rey sin provocar a sus aliados, pero negándose a su vez a reconocer la autoridad y mandato de Alahan convirtiéndose en un barón al serivicio de su reino, Vanius tomó el título de Duque, una antigua distinción barhana.

A pesar de su derrota, y de los casi doscientos años que han transcurrido desde entonces, aún hoy numerosas leyendas locales mencionan el nombre de Sophet Drahas con miedo y temor.

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