Aarklash

Historia de la Creación

Hubo una edad en la que el tiempo no existía… La edad de los Dioses.

Los Dioses campaban por la Creación como señores. Sus imperios no conocían fronteras y se extendían sobre mundos enteros nacidos de las energías mágicas de la Creación.

Entonces vino la discordia y los Dioses comenzaron una guerra por la supremacía.

La fractura de los mundos agonizantes a punto estuvo de suponer el hundimiento de la Creación y la muerte de todas las cosas. Pero la Creación se defendió. Los Dioses fueron brutalmente arrancados de sus tronos y exiliados a los confines de los mundos elementales, los Reinos. Apareció entonces el Tiempo, imponiendo su maldición a los vanidosos inmortales: si éstos osaban regresar de su exilio, sufrirían su castigo y desaparecerían para siempre en los limbos del olvido.

Así finalizó la edad de los Dioses.

Sin embargo, no es tan fácil deshacerse de estas terribles fuerzas.

Tras millares de años de exilio, los Dioses continúan presentando batalla a través de sus campeones — Los Encarnados — y de sus aliados más fieles.

El equilibrio está amenazado de nuevo. La maldición del Tiempo se difumina. Las Tinieblas se apoderan del corazón de los valientes y los Dioses están a punto de ponerse a la cabeza de sus ejércitos.

Ha llegado el Ragnarok. Y con él, la última edad.

Historia de Aarklash

Aarklash

No lejos del corazón de la Creación se encuentra un ansiado Reino: Aarklash. Desde allí pueden abrirse umbrales mágicos para viajar a todos los Reinos, incluídos aquellos donde están encerrados los Dioses. El futuro de este mundo tan singular depende del de la Creación.

La historia del continente de Aarklash ha sido escrita por los vencedores de las grandes guerras del pasado. La gloria y el prestigio de los conquistadores de las edades antiguas disimulan guerras fratricidas y abominables mentiras. Las naciones de Aarklash han sido erigidas en el dolor, la sangre y la traición. Algunas no supieron resistir la erosión del tiempo. De sus cenizas renacieron imperios más grandes y más fuertes todavía, pero también más jovenes y sometidos a las tentaciones belicosas del poder. El deseo de venganza o dominación es ardiente en la memoria de los soberanos de esta tierra bañada por la sangre.

Los señores de la guerra de Aarklash han vendado las heridas dejadas en herencia por sus padres y han levantado a los ejércitos del fin del mundo. Todos se preparan para el Ragnarok, una guerra despiadada, anunciada por las antiguas profecías, pero de la cual los mortales todavía ignoran lo que verdaderamente está en juego.

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