Cadwallon

Bienvenidos al Registro de Aventuras!

Mientras que la wiki sirve para organizar la información relacionada con el mundo, su historia, su trasfondo, etc., este sitio es el lugar donde narrar las aventuras vividas por los personajes.

Podremos ordenar, de manera cronológica, los eventos ocurridos durante las partidas. Sirve para registrar qué actos importantes han ocurrido. La idea es acudir aquí tras cada sesión de juego para escribir unas líneas sobre lo que haya sucedido. Podrán referenciarse personajes, objetos y lugares del mismo modo que se hace desde la wiki.

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Tercer día de la media de Hepsilose - El grupo de reúne

Era el tercer día de la media de Hepsilose y la estación del Tiempo de los Murmullos había comenzado hacía apenas un mes. En las calles de la Ciudad de los Ladrones, los comerciantes y artesanos empezaban a hablar con deseo e impaciencia de la inminente llegada de la semana de la Liberación.

Pero la alegría de la celebración de tan importante fiesta quedaba manchada por los inquietantes rumores acerca del Ragnarok que propagaban los extranjeros llegados a la Ciudad Franca, y que los posaderos siempre estaban dispuestos a repetir de buena gana a los clientes que pidiesen unas cuantas bebidas.

Dentro de La Taberna, insultos ogros, proferidos por borrachos o extranjeros que no conocen a la dueña del local, se entremezclaban con menos acaloradas discusiones sobre navegación, llenas de términos goblins; los reyes del mar.

La Taberna, antes conocida como La Perrera, está situada en el fangoso distrito de La Mugre, en el Feudo más pobre de todo Cadwallon, conocido como La Muralla. En sus orígenes, el local servía como lugar de reunión para los míticos Perros de la Guerra, padres de las actuales Ligas Francas. Hoy, ha quedado como uno de los pocos lugares que podrían considerarse seguros y hasta cómodos en el barrio de La Mugre.

Podría pensarse que calentar una posada con techos de más de tres metros y unas estancias tan amplias como para alojar a toda La Mugre en ella sería imposible. Sin embargo, cinco enormes chimeneas, los humos de docenas de pipas y cigarros, y una abultada multitud lograban que el ambiente fuese, incluso, sofocante.

Alrededor de una de las mesas redondas de la gigantesca sala nuestro grupo se reunía por primera vez. Probablemente, habríamos llamado la atención en cualquier parte de Aarklash que no fuese esa ciudad. Un goblin, dos elfos y un wolfen bebiendo y hablando sobre ciertos asuntos que a todos nos interesaban. Seguramente, nada bueno podía salir de todo aquello…

Urj:

¡¿Doscientos ducados?! ¡Mejor repartir entre tres que entre cuatro! ¡Eso digo yo!

Kyry:

Te repito, Urj, que la carta era bien clara al respecto. Necesitamos al goblin.

Urj:

Hmmmppphhhhh. ¡Un goblin! ¿De qué servirá? ¡GRRRRR! ¡Si viene, cobra menos! Más pequeño, menos ducados.

Poliphastos:

Mira, lobito. Pequeño o no, mis deudas y necesidades son tan grandes como las de cualquier otro. No pienso llevarme ni un ducado menos de 50 por esto.

Azín:

¿Deudas? ¿Con los precios que me cobras por todos los artículos que te compro?

Poliphastos:

¡Oye! Encontrar alguna de esas cosas en el mercado es complicado y en la estación del Tiempo de los Murmullos los bienes escasean. Y si los encontrases a mejor precio, seguro que se los comprarías a otros.

Kyry:

Centrémonos, ¿queréis? Urj, el goblin es de fiar y, además, vamos a necesitar uno de los suyos, así que no hay más que hablar. Pero ¿y este daikïnee?

Urj:

Querías protección. Maneja el arco y conoce poderosos hechizos. Le vi usarlos cuando le ayudé contra un grupo de bandidos en Cabeza Cortada que querían su bolsa.

Azín:

Hace unas dos semanas. ¡El mismo día de llegar yo aquí! Os diré una cosa: fue una mala bienvenida por parte de una ciudad que recordaba más hospitalaria…

Urj:

Nos vendrá bien alguien como él si las cosas se ponen feas en El Trofeo. Y necesita el dinero.

Poliphastos:

¡Como todos! Construir cosas no es barato, ¿sabéis? Y Methanol cada día está más impaciente por recibir mi dinero.

Kyry:

Es cierto que El Trofeo no es un Feudo muy seguro en esta época del año… Así que un hechicero. Sí, supongo que eso siempre puede ser útil.

Azín:

¿De quién era esa carta, Kyry? ¿Alguien en quién confías lo suficiente? Suena sospechoso. La recompensa es atractiva y parece un trabajo muy sencillo.

Kyry:

Me la ha mandado un viejo amigo; el Sargento Martial. Y sí, confío en él.

Poliphastos:

No es que quiera dar ideas y perder la oportunidad de ganar 50 ducados fáciles, pero Azín tiene razón. ¿Por qué no va ese amigo tuyo en persona a hablar con ese tal Glibidibló y se ahorra el dinero?

Urj:

¡Eso! ¿Es que le asusta hablar con un goblin? JAJAJA.

Kyry:

Vive recluido en Fuerte Tranquilo. Ahora está retirado pero cuando trabajaba en la milicia hizo muchos enemigos en Cadwallon. Para él no es seguro salir demasiado.

Azín:

¿Y qué le interesa tanto acerca de lo que tiene que decir este Glibidibló?

Urj:

¡Eso! ¿Qué puede tener que decir un goblin que sea interesante?

Poliphastos:

Nada que un wolfen pueda entender, eso seguro.

Kyry:

A Martial le interesan mucho los crímenes misteriosos que han venido ocurriendo en Cadwallon durante los últimos años.

Poliphastos:

¡¿Los qué?!

Urj:

JAJAJA. ¿Asustado?

Azín:

¿Qué son esos crímenes de los que hablas, Kyry?

Kyry:

Nadie lo tiene muy claro. Ni siquiera la milicia que los investiga… o investigaba. Desde que Martial se retiró, nadie parece ocuparse de estos casos. Veréis, de vez en cuando desaparece alguien y luego, exactamente 9 días más tarde, aparece su cadáver en algún sitio de la ciudad. No parece haber conexión entre las víctimas. Algunos eran jóvenes, otros ancianos, mujeres, hombres… hay víctimas de todas las razas.

Urj:

¡Aunque los goblins asesinados son mayoría! Muy pocos wolfen han muerto así. Ni tan siquiera el extraño asesino se atreve a acercarse a nosotros demasiado.

Poliphastos:

Será por vuestro mal olor.

Azín:

Así que este tal Glibidibló le dijo al Sargento Martial que tenía información sobre estos misteriosos crímenes. Pero, por seguridad, él no puede salir de Fuerte Tranquilo a investigarlo por su propia cuenta.

Kyry:

Sí. Por lo visto, Glibidibló envió a alguien del Gremio de Mensajeros a Martial para transmitirle un mensaje oral en el que decía que le daría toda la información que tenía si se reunían en persona y que no se atrevía a revelar esa información a un mensajero ni a enviarla por carta. Decía que estaba siendo vigilado y que debía ser precavido. Dejó bien claro que no recibirá a nadie que no fuese acompañado de uno de los suyos: un goblin.

Poliphastos:

¿Una reunión en persona? Eso suena como a una trampa. Si el Sargento Martial tiene tantos enemigos puede que alguien quiera atraparle con un señuelo como este.

Kyry:

No podemos descartar esa posibilidad.

Urj:

¡Ni queremos! ¡Una buena pelea nos sentaría bien!

Azín:

Ya veo. De repente, 200 ducados no me parecen tanto pago por este trabajo.

Kyry:

Puede que sea más; si la pista que tiene Glibidibló es cierta y realmente arroja algo de luz sobre el caso de los misteriosos crímenes, Martial está dispuesto a recompensarnos con algunas monedas extras.

Poliphastos:

Y si no, aún puede ser una trampa y que traten de matarnos a todos.

Azín:

Si tal es el caso, no les interesaríamos nosotros, les interesaría el Sargento Martial.

Urj:

¡Pero a mí espada si le interesaría ellos!

Kyry:

Lo único seguro es una cosa. Si queremos ganar ese dinero, tenemos que hacerle una visita a Glibidibló.

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Una visita inesperada y portales en la Torre Rubicunda

La morada-taller de Glibidibló se encontraba en El Cuadrado, un barrio medio desmantelado y medio en obras del feudo El Trofeo.

El Cuadrado es una zona poco poblada al norte de El Trofeo y que tiene, lejos de toda sorpresa, una forma cuadrada. En ella, algunas pocas casas, rodeadas de descampados, edificios en demolición y algunos indicios de nuevas obras, se mantienen en pie y habitadas por sus tozudos dueños, que se niegan a abandonarlas. Una de las más pequeñas, que parece especialmente diseñada para uso de un goblin, es el hogar y taller de Glibidibló.

El goblin, claramente paranoico y desconfiado (según relata está siendo vigilado), esperaba la visita del Sargento Martial, y no otros. Tras los recelos iniciales, Kyry y Poliphastos consiguen que Gibidibló les dejé acceder al interior de su casa para hablar con más calma.

El negocio es un taller de encuadernación. El sitio es un lugar pequeños, desordenado, lleno de libros y de hojas sueltas; todo ello apilado y lleno de polvo. El olor a cola para las encuadernaciones es intenso pero el aire está tan rancio que casi se agradece. Un escritorio (enorme para las medidas goblins), contiene varios aparatos y elementos de maquetación como guillotinas, tapas de pasta, hilos y pilas y pilas de libros y hojas. Al parecer, la escasa iluminación que procede de una pequeña lámpara de aceite, le es suficiente a Glibidibló para desarrollar allí su trabajo.

Glibidibló acaba revelando que encontró una hoja “desordenada” que no pertenecía a ninguno de sus trabajos de maquetación y encuadernación, dejando bien claro que su método es infalible y jamás extravía ni una sola página. Claramente avergonzado, contó también que leyó su contenido pensando que no formaba parte de ninguno de los trabajos encargados por uno de sus clientes. Y entonces descubrió lo que parecía ser un diario de las actividades del que podría ser el asesino que estaría detrás de los misteriosos crímenes de Cadwallon.

En la hoja extraviada del diario se cuenta como el autor del escrito planea asesinar al Profesor Monley, capturandole en su propia casa en la Torre Rubicunda. Se encuentran referencias a los dos últimos asesinatos cometidos y se dice textualmente que “siguiendo los designios divinos, el Profesor debe ser el próximo en la sagrada lista”.

A la salida de la casa-taller de Glibidibló, el grupo fue asaltado por un comando de incursión Akkyshan, quienes, como acostumbran a hacer en el Tiempo de los Murmullos, asaltan las granjas y otros barrios de los feudos exteriores de Cadwallon. Gracias a la valerosa actuación de Urj, los elfos son dispersados.

Tras reagruparse en una posada cercana, el grupo decide no dejar pasar ni un segundo más e ir a visitar al Profesor Monley para advertirle del peligro que corre. No obstante, a la Escuela de Magia de la Torre Rubicunda un alumno pedante les hace saber que hace días que no se ve al profesor. Una visita a su morada, situada entre los muchos edificios colindantes a la Torre Rubicunda, revela que, efectivamente, el Profesor no se encuentra en casa.

La casa del Profesor Manley está situada en uno de los muchos edificios anexos que han crecido alrededor de la Torre Rubicunda. Al entrar, el grupo comprueba que es el contraejemplo perfecto al tópico de los hechiceros desordenados y despistados, tan extendido en Cadwallon como el tópico de los hechiceros obsesionados por el orden y la limpieza, del que, por el contrario, esta morada es el ejemplo perfecto.

Llevados por una insaciable sed de delinquir, lejos de darse por satisfechos con el allanamiento de morada, el grupo decide registrar el lugar (alguno hasta consigue robar alguna moneda). Durante el saqueo, se descubre un Portal anclado al fondo de un armario de madera pero, antes de poder investigarlo más a fondo, el director de la Escuela de Magia, conocido como Trotamundos, aparece en escena.

El grupo es echado educadamente y Trotamundos se queda allí para investigar el portal.

Kyry, contagiada de la desconfianza de Glibidibló, decide vigilar desde el exterior de la casa. Tras un largo rato de vigilancia y ver que no pasa nada (tal vez debido a que no estaba demasiado bien oculta) desiste y decide ir a descansar, tal y como hace el resto del grupo.

A la mañana siguiente, se reúnen con Trotamundos en la Torre Rubicunda.

Situado en el distrito del Jardín de las Comedias de El Trofeo, esta torre es digna de ver. Con una altura de unos 100 metros, la torre es, por si misma, lo suficientemente grande como para alojar una inmensa escuela de magia. Por si esto fuera poco, a su alrededor, primero en la base y luego creciendo hacia arriba, escalando la torre como si se tratasen de plantas trepadoras, han ido apareciendo otras construcciones más pequeñas que ahora sirven de vivienda a profesores y estudiantes, de talleres para algunas clases o de tiendas y almacenes de productos extraños.
La torre se ha convertido, por extensión y actividad, en todo un barrio por si misma. En los alrededores, jóvenes aprendices de la escuela se apresuran para no llegar tarde a su siguiente clase, remangándose los bajos de las túnicas que les identifican como estudiantes. Carretas cargadas de alimentos y materiales necesarios para la alquimia entran a los distintos edificios que rodean la torre. En las tabernas, estudiantes menos aplicados y profesores que tienen un rato libre comparten espacio pero no bebida.
En una escuela de magia sobre ilusionismo y espectáculo, puede esperarse cualquier sorpresa y no es extraño contemplar fuegos artificiales saliendo de algunas de las ventanas en los pisos elevados de la torre, así como humos de colores y palomas de muchas otras.

Tras subir y bajar más escaleras de lo necesario, el grupo es dirigido hacia el aula donde espera el director de la Escuela de Magia.

Al abrirse la puerta descubrís a un aciano daïkinee de larga barba y largo pelo recogido en una coleta alta que está sentado en una estrecha silla de madera en frente de un pupitre. Presenta el aspecto de un afable abuelito cuya piel ya está cubierta de numerosas manchas provocadas por la avanzada edad. No obstante, sus brillantes ojos revelan un ansia de vivir y de descubrir que ni siquiera los humanos más jóvenes parecen tener.
A sus espaldas, un amplio ventanal muestra una vista sobrecogedora de Cadwallon. A esa altura, pocos edificios entorpecen la visión del horizonte y se pueden reconocer, a lo lejos, algunas de las edificaciones más emblemáticas de la ciudad. Algunas torres cynwäll sobresalen del paisaje y hasta puede intuirse el Puerto Kraken, allá al fondo. Sin embargo, lo que más os llama la atención es la gigantesca estatua conocida como El Automáta, que curiosamente, parece estar moviéndose en este preciso instante, girando su cabeza y cambiando su orientación hasta que mira directamente hacia vosotros… como si estuviese dándoos la bienvenida.
No es hasta ese preciso instante que el anciano comienza a hablar.

Según relata, Trotamundos desea esclarecer los hechos sobre la desaparición del Profesor Monley, cosa que él atribuye a un ente de otro Reino tras haber oído cierta información recibida de un misterioso mensajero encapuchado perteneciente al Gremio de los Mensajeros. En caso de éxito, ofrece a Azín un hueco como estudiante y ayudante en la Escuela de Magia de la Torre Rubicunda. Los demás, promete, podrán elegir una recompensa: un puñado de Ducados o alguno de los productos fabricados en alguno de los talleres de la escuela.

El anciano revela también que el Portal no es especialmente peligroso y debería tender un camino hacia el Callejón Mardi, en el feudo de Ghieronburgo.

El Portal que comunica la casa del Profesor con el Callejón Mardi parece atraviesa el Reino del Aire. Una especie de túnel aéreo que hace volar al viajero a una velocidad de vértigo, atraviesa nubes en una inmensidad azul que parece no tener fin. A mitad de recorrido, se llega a una pequeña isla flotante de tierra donde, bajo la forma de un árbol creada por hojas en movimiento, hay un Elemental del Aire.

Sorprendido, da la bienvenida a los viajeros. Casualmente, el grupo descubre que el Elemental conoce al Profesor y, de hecho, no tiene reparos en hablar sobre él. De este modo, descubren una cierta carga que el Profesor Monley soportaba, según cuenta el Elemental, debido a cierta traición hacia su amigo Trotamundos, al que espiaba por encargo de ciertas criaturitas verdes enemistadas con la familia del apellido poderoso y hermoso. Comenta también la voluntad del Profesor de sincerarse con su mentor, cuya confianza había traicionado.

El grupo, conocedor de las pesquisas propias del feudo de El Trofeo, entiende que las criaturitas verdes mencionadas por el Elemental son la familia goblin de los Makropet y que la familia del apellido poderoso y hermoso es la familia del Par de dicho feudo: los Viento-Alzado.

Tras el extraño encuentro, el grupo continúa su viaje por el Reino Elemental hasta el Callejón Mardi.

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Lo que se oculta tras la desaparición del Profesor Monley

En el Callejón Mardi el grupo averigua que, efectivamente, el Profesor Monley solía frecuentar aquel lugar para dar un espectáculo de magia ilusoria. Sin embargo, según cuentan otros artistas callejeros y mercaderes ambulantes del callejón, Monley no parecía contar con enemigos en aquella zona. Su desaparición continúa siendo un misterio.

Siguiendo la pista establecida por la información que Trotamundos recibió mediante un mensajero, según la cual la desaparición del Profesor podía estar relacionada con un Ser de otro Reino, el grupo decide hacer una visita a un contacto de Azín; Lan-aly, Embajador del Reino de Rocaagrietada. El Sihir habita en el cercano distrito de Arcadia, también en el Feudo de Ghieronburgo. A pesar de la insistencia del grupo por conocer más detalles acerca de la misteriosa Tregua de Mardi, según la cual se establece un equilibrio de poder y un clima de paz entre los Seres de otros Reinos y los habitantes de Cadwallon, Lan-aly no ofrece más información. Es él quien habla en persona y en privado con el Sihir que el grupo encontró en el Portal que comunica el hogar del Profesor Monley con el Callejón Mardi. Tras la conversación, informa a los miembros del grupo de lo que él ya sabía: el Sihir no ha estado involucrado en la desaparición de Monley, ni sabe nada acerca de lo que pueda haberle sucedido. La Tregua parece estar a salvo.

Cansados y desconcertados, los aventureros deciden ir a hablar con Trotamundos e informarle acerca de todos sus recientes descubrimientos, incluyendo la traición del Profesor Monley y como éste le espiaba por orden de los Makropet, la familia goblin que antes ostentaban el título de Par del Feudo de El Trofeo. Dirigiendo sus sospechas hacia esta familia, tradicionalmente enemistada con la familia Viento-Alzado, actuales Pares de El Trofeo, el grupo decide asegurarse y estudia la procedencia del misterioso armario del Profesor Monley, aquel que contiene el Portal que comunica con el Callejón Mardi.

Tras investigar un poco, los aventureros acaban en un taller de ebanistería, regentado principalmente por enanos y situado en el Feudo de Soma. Allí descubren, gracias a una vieja factura y al poder de convicción del dinero, que el armario fabricado en aquel mismo taller fue adquirido hace algunos años por un goblin de la familia Makropet.

Movidos por una insaciable sed de confirmación, los miembros del grupo deciden volver a visitar al Elemental del Aire del portal y preguntarle si acaso no había visto a una criaturita verde viajando por aquel camino hace unos años. El Sihir contesta afirmativamente a esta pregunta.

Su desbordante intelecto les lleva a la conclusión de que la desaparición del Profesor Monley ha sido en realidad un asesinato de los Makropet para quitarse de en medio a su antiguo espía, que tenía intenciones de redimirse y confesar. Queriendo evitar sospechas e investigaciones que complicasen el asunto, los goblins tratan de hacerlo pasar como uno de los misteriosos crímenes en los que tan interesado estaba el Sargento Martial cuando aún se encontraba en activo. Estando ahora retirado y sabiendo que la Milicia de la ciudad apenas hace caso a estos extraños crímenes, los Makropet pensaron que sería un buen modo de atar los cabos sueltos.

Reunido semejante abanico de pruebas, los aventureros deciden que ya es hora de actuar y deciden ir hasta el Mercado de las Hortalizas, el distrito de El Trofeo donde los Makropet tienen su guarida, formada por una extensa e insondable red de túneles subterráneos. Además, se les acaba el tiempo. Al día siguiente se cumplen los 7 días de desaparición de la víctima, característicos en los misteriosos crímenes rituales de Cadwallon, antes de que reaparezca el cuerpo ya sin vida.

Cuando finalmente consiguen entrar en los túneles (y, lo que es aún más difícil, logran hacer entrar a Urj), el grupo comienza la exploración. No tardan mucho en dar con un acceso a una de las estancias de los Makropet. Allí encuentran, en plena cena, al hechicero de la familia de los goblin que encontró y compró el armario con el portal. Los aventureros se preparan para actuar pero antes de que puedan hacerlo, una puerta de entrada a la estancia se abre de golpe y aparece un enorme wolfen tirando de un carro donde un humano se dedica a disparar flechas contra una horda que les persigue y otro se encarga de aguantar el cuerpo sin vida del Profesor Monley.

Ante semejante vorágine y debido al lío que se forma, las cosas se desarrollan de una manera un tanto caótica, con el resultado de que los aventureros logran hacerse con el cadáver, el hechicero goblin queda vivo y clamando venganza y el inesperado no identificado equipo de rescate del cadáver de Monley resulta exterminado y/o abandonado a su suerte (con la consiguiente mutilación y posterior muerte de uno de ellos). Tras todo el jaleo, los aventureros descubren que aquella gente trabajaba para Silnus Drakaër, par del Feudo de Drakaer y enemigo acérrimo de Adaldan Ghieron, máximo responsable de la seguridad en el Feudo de Ghieronburgo, donde las cosas se habrían puesto muy feas si hubiese proliferado la idea de que la Tregua del Barón Mardi se había roto.

Con la idea de que los Makropet no tenían buenas intenciones (y, además, ahora detestan a los aventureros) y de que Silnus Drakaër tampoco deseaba el cuerpo del Profesor Monley para nada más que sus intereses personales de acabar con Adaldan Ghieron, el grupo decide entregar el cuerpo muerto de Monley a su viejo amigo Trotamundos. De ese modo, por un lado quedan disipadas las dudas de que la Tregua se haya violado, y por otro se aclara que el asesinato nada tiene que ver con los misteriosos crímenes rituales de Cadwallon.

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