Azín

Mago elfo daïkinee

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Bio:

Me crié en el Bosque de Quithayran con mi padre Osciur sin conocer mi madre Laultis, que murió al poco de nacer yo, por cupla de la maldición que recae sobre las hembras Daïkinees.

Tuve una infancia tranquila, rodeado de naturaleza, y fuí muy feliz en mi tierra natal, que aún hoy visito siempre que puedo para recuperar fuerzas. Allí, mi padre me adiestró en las tradiciones de los elfos, como la monta a caballo y el tiro con arco.

Desde pequeño sentí curiosidad por la magia, no obstante mi padre Osciur era un total desconocedor de tales artes y mi iniciación en la Primagia fué muy tardía, cuando a los 14 años descubrí en el desván de casa algunos libros muy antiguos que debieron pertenecer a mi tatarabuelo Ozur.

Aunque, por mi propia cuenta, di algunos pasos intentando iniciarme en la Primagia, al carecer de maestro mis progresos eran muy lentos.

Un día, a los 22 años, viajando por Quithayran con mi padre, se apareció ante nosotros una misteriosa figura. Resultó ser uno de los nuestros: un hechicero daïkinee que había abandonado la protección del bosque hacía largo tiempo: Trotamundos. Por su aspecto, se diría que no era más que un anciano tranquilo pero yo sentí él un aura especial. No compartimos con él más que dos jornadas de viaje pero las historias que me contó acerca de su vida me hechizaron de tal forma que me prometí visitarle algún día en la Torre Rubicunda, el edificio de Cadwallon donde había establecido una escuela de magia.

Varios meses después, al cumplir los 23, conseguí convencer a mi padre de que me dejara marchar en un viaje a Cadwallon. La escuela de magia de Trotamundos se encontraba en una zona maravillosa de la ciudad llamada El Trofeo. Los alrededores de la Torre Rubicunda me encantaron por la intensa carga mágica que impregnaba el aire y lo fina que ahí se volvía la separación entre nuestro mundo y los otros Reinos. De un modo u otro, conseguí que Trotamundos me aceptara como aprendiz en la escuela de magia. Pronto, descubrió mi interés por los viajes por otros Reinos y me inició en la magia y que me mostraría esos otros mundos, o “dimensiones”.

En uno de nuestros primeros viajes conocimos a un ser muy curioso llamado Lan-aly. Fué éste un personaje que me cautivó, se trataba de un ser de pura energía cuya manifestación visible era una mezcla entre viento y color. Resultó que este personaje también era un Viajero de las dimensiones y tenía residencia en Cadwallon; en Arcadia, feudo de Ghieronburgo cerca de la Villa Alta. Acostumbro a visitarle siempre que puedo y siento una gran admiración por él.

Por desgracia, le di mi palabra a padre de que regresaría a casa al cabo de un año y el tiempo pasó rápido. Es más, el viaje entre Cadwallon y Quithayran es un trayecto complicado y peligroso que no puede completarse en menos de dos meses.

Así pues, a la edad de 24 años, volví al hogar. Cuando regresé, no encontré más que los restos de mi ciudad natal. Los daikïnees sabemos vivir como nómadas para escapar de la Bestia, pero la ciudad no había sido abandonada; había sido destruída. Con temor en mi corazón, revolví entre los restos de mi hogar destruído, sólo para encontrar el cadáver, aún reciente, de mi padre.

La ira y la venganza consumieron mi joven e inexperto corazón y me embarqué en una loca cruzada contra Wisshard. Me uní a un grupo de cazadores daikïnees que seguían el rastro de la Bestia con el único deseo de abatirla. Más de 15 años pasamos tratando de darle caza, con el único resultado de perder más y más de los nuestros en encuentros aislados con Wisshard, y en los que nunca tuve la desgracia de estar presente. Hasta que, un día, la Bestia dejó de cazarnos en grupos pequeños y atacó a todo el grupo. El mero recuerdo de aquel encuentro aún remueve mis entrañas y me eriza el cabello. No estoy seguro de como escapé con vida, pero creo que fuí el único con la fortuna de hacerlo. Muchos amigos perdí ese día pero algo aprendí: si realmente deseaba tener alguna oportunidad de acabar con Wisshard, necesitaba mucho más poder; mucho más conocimiento. Pero quizá incluso eso sea una estúpida ilusión… la Bestia es demasiado poderosa y demasiado malvada. Tal vez, debería, sencillamente, olvidarme de todo.

De modo que decidí volver a Cadwallon, el único otro hogar que conocía, junto a la persona que creía que más podía enseñarme.

Aunque ha pasado mucho tiempo desde la ruptura y el fin de mi entrenamiento con Trotamundos, sigo todavía ligado a él y, ahora que estoy de vuelta en La Ciudad Franca le busco como maestro cuando necesito ayuda y consejo, pues ha sido como un padre para mí.

Actualmente compagino el ejercicio de la magia con el comercio “interdimensional” viajando siempre que puedo a los otros Reinos e intercambiando mercancías para ganarme la vida.

Azín

Cadwallon Ravenink Dictino