Cadwallon

Una visita inesperada y portales en la Torre Rubicunda

La morada-taller de Glibidibló se encontraba en El Cuadrado, un barrio medio desmantelado y medio en obras del feudo El Trofeo.

El Cuadrado es una zona poco poblada al norte de El Trofeo y que tiene, lejos de toda sorpresa, una forma cuadrada. En ella, algunas pocas casas, rodeadas de descampados, edificios en demolición y algunos indicios de nuevas obras, se mantienen en pie y habitadas por sus tozudos dueños, que se niegan a abandonarlas. Una de las más pequeñas, que parece especialmente diseñada para uso de un goblin, es el hogar y taller de Glibidibló.

El goblin, claramente paranoico y desconfiado (según relata está siendo vigilado), esperaba la visita del Sargento Martial, y no otros. Tras los recelos iniciales, Kyry y Poliphastos consiguen que Gibidibló les dejé acceder al interior de su casa para hablar con más calma.

El negocio es un taller de encuadernación. El sitio es un lugar pequeños, desordenado, lleno de libros y de hojas sueltas; todo ello apilado y lleno de polvo. El olor a cola para las encuadernaciones es intenso pero el aire está tan rancio que casi se agradece. Un escritorio (enorme para las medidas goblins), contiene varios aparatos y elementos de maquetación como guillotinas, tapas de pasta, hilos y pilas y pilas de libros y hojas. Al parecer, la escasa iluminación que procede de una pequeña lámpara de aceite, le es suficiente a Glibidibló para desarrollar allí su trabajo.

Glibidibló acaba revelando que encontró una hoja “desordenada” que no pertenecía a ninguno de sus trabajos de maquetación y encuadernación, dejando bien claro que su método es infalible y jamás extravía ni una sola página. Claramente avergonzado, contó también que leyó su contenido pensando que no formaba parte de ninguno de los trabajos encargados por uno de sus clientes. Y entonces descubrió lo que parecía ser un diario de las actividades del que podría ser el asesino que estaría detrás de los misteriosos crímenes de Cadwallon.

En la hoja extraviada del diario se cuenta como el autor del escrito planea asesinar al Profesor Monley, capturandole en su propia casa en la Torre Rubicunda. Se encuentran referencias a los dos últimos asesinatos cometidos y se dice textualmente que “siguiendo los designios divinos, el Profesor debe ser el próximo en la sagrada lista”.

A la salida de la casa-taller de Glibidibló, el grupo fue asaltado por un comando de incursión Akkyshan, quienes, como acostumbran a hacer en el Tiempo de los Murmullos, asaltan las granjas y otros barrios de los feudos exteriores de Cadwallon. Gracias a la valerosa actuación de Urj, los elfos son dispersados.

Tras reagruparse en una posada cercana, el grupo decide no dejar pasar ni un segundo más e ir a visitar al Profesor Monley para advertirle del peligro que corre. No obstante, a la Escuela de Magia de la Torre Rubicunda un alumno pedante les hace saber que hace días que no se ve al profesor. Una visita a su morada, situada entre los muchos edificios colindantes a la Torre Rubicunda, revela que, efectivamente, el Profesor no se encuentra en casa.

La casa del Profesor Manley está situada en uno de los muchos edificios anexos que han crecido alrededor de la Torre Rubicunda. Al entrar, el grupo comprueba que es el contraejemplo perfecto al tópico de los hechiceros desordenados y despistados, tan extendido en Cadwallon como el tópico de los hechiceros obsesionados por el orden y la limpieza, del que, por el contrario, esta morada es el ejemplo perfecto.

Llevados por una insaciable sed de delinquir, lejos de darse por satisfechos con el allanamiento de morada, el grupo decide registrar el lugar (alguno hasta consigue robar alguna moneda). Durante el saqueo, se descubre un Portal anclado al fondo de un armario de madera pero, antes de poder investigarlo más a fondo, el director de la Escuela de Magia, conocido como Trotamundos, aparece en escena.

El grupo es echado educadamente y Trotamundos se queda allí para investigar el portal.

Kyry, contagiada de la desconfianza de Glibidibló, decide vigilar desde el exterior de la casa. Tras un largo rato de vigilancia y ver que no pasa nada (tal vez debido a que no estaba demasiado bien oculta) desiste y decide ir a descansar, tal y como hace el resto del grupo.

A la mañana siguiente, se reúnen con Trotamundos en la Torre Rubicunda.

Situado en el distrito del Jardín de las Comedias de El Trofeo, esta torre es digna de ver. Con una altura de unos 100 metros, la torre es, por si misma, lo suficientemente grande como para alojar una inmensa escuela de magia. Por si esto fuera poco, a su alrededor, primero en la base y luego creciendo hacia arriba, escalando la torre como si se tratasen de plantas trepadoras, han ido apareciendo otras construcciones más pequeñas que ahora sirven de vivienda a profesores y estudiantes, de talleres para algunas clases o de tiendas y almacenes de productos extraños.
La torre se ha convertido, por extensión y actividad, en todo un barrio por si misma. En los alrededores, jóvenes aprendices de la escuela se apresuran para no llegar tarde a su siguiente clase, remangándose los bajos de las túnicas que les identifican como estudiantes. Carretas cargadas de alimentos y materiales necesarios para la alquimia entran a los distintos edificios que rodean la torre. En las tabernas, estudiantes menos aplicados y profesores que tienen un rato libre comparten espacio pero no bebida.
En una escuela de magia sobre ilusionismo y espectáculo, puede esperarse cualquier sorpresa y no es extraño contemplar fuegos artificiales saliendo de algunas de las ventanas en los pisos elevados de la torre, así como humos de colores y palomas de muchas otras.

Tras subir y bajar más escaleras de lo necesario, el grupo es dirigido hacia el aula donde espera el director de la Escuela de Magia.

Al abrirse la puerta descubrís a un aciano daïkinee de larga barba y largo pelo recogido en una coleta alta que está sentado en una estrecha silla de madera en frente de un pupitre. Presenta el aspecto de un afable abuelito cuya piel ya está cubierta de numerosas manchas provocadas por la avanzada edad. No obstante, sus brillantes ojos revelan un ansia de vivir y de descubrir que ni siquiera los humanos más jóvenes parecen tener.
A sus espaldas, un amplio ventanal muestra una vista sobrecogedora de Cadwallon. A esa altura, pocos edificios entorpecen la visión del horizonte y se pueden reconocer, a lo lejos, algunas de las edificaciones más emblemáticas de la ciudad. Algunas torres cynwäll sobresalen del paisaje y hasta puede intuirse el Puerto Kraken, allá al fondo. Sin embargo, lo que más os llama la atención es la gigantesca estatua conocida como El Automáta, que curiosamente, parece estar moviéndose en este preciso instante, girando su cabeza y cambiando su orientación hasta que mira directamente hacia vosotros… como si estuviese dándoos la bienvenida.
No es hasta ese preciso instante que el anciano comienza a hablar.

Según relata, Trotamundos desea esclarecer los hechos sobre la desaparición del Profesor Monley, cosa que él atribuye a un ente de otro Reino tras haber oído cierta información recibida de un misterioso mensajero encapuchado perteneciente al Gremio de los Mensajeros. En caso de éxito, ofrece a Azín un hueco como estudiante y ayudante en la Escuela de Magia de la Torre Rubicunda. Los demás, promete, podrán elegir una recompensa: un puñado de Ducados o alguno de los productos fabricados en alguno de los talleres de la escuela.

El anciano revela también que el Portal no es especialmente peligroso y debería tender un camino hacia el Callejón Mardi, en el feudo de Ghieronburgo.

El Portal que comunica la casa del Profesor con el Callejón Mardi parece atraviesa el Reino del Aire. Una especie de túnel aéreo que hace volar al viajero a una velocidad de vértigo, atraviesa nubes en una inmensidad azul que parece no tener fin. A mitad de recorrido, se llega a una pequeña isla flotante de tierra donde, bajo la forma de un árbol creada por hojas en movimiento, hay un Elemental del Aire.

Sorprendido, da la bienvenida a los viajeros. Casualmente, el grupo descubre que el Elemental conoce al Profesor y, de hecho, no tiene reparos en hablar sobre él. De este modo, descubren una cierta carga que el Profesor Monley soportaba, según cuenta el Elemental, debido a cierta traición hacia su amigo Trotamundos, al que espiaba por encargo de ciertas criaturitas verdes enemistadas con la familia del apellido poderoso y hermoso. Comenta también la voluntad del Profesor de sincerarse con su mentor, cuya confianza había traicionado.

El grupo, conocedor de las pesquisas propias del feudo de El Trofeo, entiende que las criaturitas verdes mencionadas por el Elemental son la familia goblin de los Makropet y que la familia del apellido poderoso y hermoso es la familia del Par de dicho feudo: los Viento-Alzado.

Tras el extraño encuentro, el grupo continúa su viaje por el Reino Elemental hasta el Callejón Mardi.

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